27 de febrero de 2017

Cerrar la puerta. Cerrar la herida.

Empaquetarlo todo de nuevo. Desesperarse entre cajas y cajas llenas de recuerdos. Sacar los recuerdos y mandarlos a la Puta. Desesperarse por la Puta. Tirar la Puta al contenedor, y ver que la montaña no baja. Ver la montaña. Subir la montaña. Pensar en la montaña.

Pero si la montaña no existe... ¿qué montaña estoy viendo?

La montaña creada por mí, para mí, de mí (con amor, besis). Lo básico está cubierto, siempre ha estado cubierto, siempre estará cubierto. ¿De qué tengo miedo?

Desempaquetarlo todo de nuevo. Revisar cautelosamente el contenido. ¿Realmente te necesito en mis recuerdos? Concluir que no. Mandarlo todo a la Puta. Desesperarse por la Puta... Ahorrarte el proceso y la montaña y tirarlo todo al contenedor.

A veces la gasolina y la cerilla son la mejor opción.

Otras, sentir y no pensar. Pensar en no sentir. Sentir, sin pensar sentir.

Empaquetarlo todo de nuevo. No desesperarse entre cajas: simplemente hacerlas. Mandar todo lo que no es necesario a la Puta. Reirte del valle, de la montaña, del abismo. Dar un saltito ridículo con motivación simplemente dramática. Aterrizar en llano.

No hay abismo. No hay montaña.

Llegar a tu destino, y desempaquetarlo todo de nuevo. Seguir mandando cosas a la Puta.

Aplíquese a una mudanza, o a una vida entera.

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