1 de diciembre de 2017

Gymnopédie

Divertido. Es divertido verte cuando estás tranquilo en el sofá, relajado, con las gafas medio caídas sobre un lado, leyendo absorto. Veo tus ojos, cómo rápidamente se mueven de línea en línea absorbiendo la ficción que tanto te gusta, o cualquier chorrada que has encontrado que te tiene absorto. Es divertida la variedad de las cosas que te gusta leer, ver, disfrutar. Nunca se sabe en qué relato te habrás enganchado esta vez, pero tampoco importa, porque lo devorarás y luego querrás más, más, y más alimento para tu creatividad y tu imaginación, para tu ansia eterna de conocimiento. Es divertido ver cómo te interesan temas tan variopintos como electroconductores, qué pasó con Atlantis, a qué se dedican las hojas perennes cuando no están ocupadas debatiendo sobre el karma, o cualquier otra curiosidad que te ha cruzado la mente. Es de lo más maravilloso que he visto nunca, pero tú no lo sabes... todavía.

Me agrada. Me agrada verte dormir, en tu mundo onírico de paraísos por descubrir, o de la mayor ida de olla que una mente en condiciones pueda imaginar. Pero tu mente no está en condiciones, tú mismo lo dices siempre, y lo dices con tintes peyorativos: alguien te ha metido en tu maravillosa cabeza que ser un soñador, que tener imaginación, que tener la creatividad disparada es algo malo. Pero no lo es, y sueñas, y creas, y duermes, y a mi me encanta ver cuando duermes, cuando estás verdaderamente relajado. Quisiera abrazarte y respirar junto a ti, pero tú no lo sabes... todavía.

Siento ternura. Ternura cuando gritas en medio de una pesadilla Ternura cuando te agobias, cuando lloras. Ternura cuando sientes que el mundo puede contigo, aunque el mundo nunca vaya a poder contigo, porque compartiré un secreto en este momento: eres un superviviente. Ternura cuando intentas convencerme de algo sobre lo que has decidido que sientes una pasión inmediata e inequívoca. Ternura cuando me doy cuenta que esa misma pasión la sientes por ti mismo, pero tú no lo sabes... todavía.

Me enamoro. Me enamoro cada mañana que, con tu pelo revuelto, apareces en el salón aferrado a un paquete de nocivo tabaco y a una taza de café, casi frío, endulzado, masticando una galleta y con cara de necesitar veinte horas de sueño más... pero no las necesitas. Yo sé que es cuestión de tiempo que vuelvas de oniria y empieces a compartir con todos los vivos tu espectacular manera de ver las cosas. Tienes muchas cualidades encerradas en ti, y es cuestión de horas, minutos, instantes de café -nunca instantáneo, por favor- que estés dispuesto a entregarlas. Pero tú no lo sabes... todavía.

Me complace. Me complace verte cuando estás agitado y debatiendo sobre un tema, y las palabras se agolpan en tu mente, y no sabes cómo expresarlo, y te frustras. Esa pasión que arde detrás de tus ojos, en tu inagotable cabeza. Esa forma de querer comunicar, compartir, aprender, intercambiar. La velocidad a la que tu mente te manda hacer cosas, y cómo casi se pueden ver los pensamientos desfilar a toda velocidad detrás de tus ojos. Pero solo casi. Pero tú no lo sabes... todavía.

Me motiva. Me motivan tus ganas por descubrir, por hacer, por reir, por realizar. Por experimentar cualquier cosa que te haga sentir vivo. Por mirar al miedo de reojo, y de cuando en cuando atreverte a dar un pasito más al frente. Me gustaría poder cogerte de la mano y explicarte que nunca va a pasar nada. Pero me contengo, me freno, y me digo que tú solo vas a poder. Y siempre puedes. Aunque haya veces que pienses que no, aunque a veces te pueda el miedo y te paralices. Al final, siempre lo haces, siempre sales a flote. Eres mi héroe.

Mi héroe. Mi héroe que conquistó mil inviernos y un millón de primaveras. Aquel que eliminó los días grises y se inventó su propio mantra (¿o no era tuyo? ¿qué más da, si valió la pena?).
Con constancia y con perserverancia, frente a todas las tormentas, a todos los dragones, a todos los monstruos del abismo que han agitado tu cabeza, tu corazón, tu mente, y tu alma: algunas creadas, algunas heredadas, pero para ti, todas muy reales. Aunque a veces te hayas sentido injustamente incomprendido, aunque a veces hayas estado en posesión de la verdad absoluta que tú mismo sabes que no existe... Aun así, eres y serás siempre mi héroe. Pero tú no lo sabes... todavía.

Me conmueve. Tus dedos creando música, tus labios tarareando, tu cuerpo meciéndose al ritmo que creas, todo eso me conmueve. Tu capacidad para entender, envolver y cautivar a través de siete notas, cinco líneas, y cuatro espacios. Y tú dirás que no, que hay más notas, que hay más líneas, y que hay más espacios. Y a mí me volverá a dar igual, porque lo que me importará es que estás creando, estás expresando, te estás comunicando. Pero tú no lo sabes... todavía.

Me excita. Sí, me excita, no te sorpendas tanto. Sé que no logras entenderlo, porque tú no puedes verte con mis ojos... todavía. Pero me excita. Y me excitas. Tu cuerpo, tu piel, todo lo que a ti no te gusta de ti, a mí sí me gusta de ti. Date tiempo, danos tiempo. Es un proceso. Al final de la escalera podrás notar, igual que noto yo, la electricidad que produce tu roce. El calor que desprenden tus manos cuando la pasión te inflama. La cara de éxtasis más puro cuando estás jugando a uno de tus juegos favoritos, pero sin tu ficha. Me sorprende cómo no puedes ver que tu ficha es la más importante para mí. Porque tú no lo sabes... todavía.

Me tranquiliza. Me tranquiliza verte concentrado, apuesto, alto y erguido delante de tu pantalla en alguna de tus últimas creaciones. Música, sonido, texto, juegos, diseño... Nunca se sabe qué andarás haciendo. Pero siempre le pones todo tu corazón. ¿He mencionado ya que es gigante? Y lo más tranquilizador es que sé que ni siquiera eres consciente de que se nota. Que los demás lo vemos. Y que lo valoramos. Para ti solo importa el destinatario, la destinataria, a quien estás haciendo feliz con eso. Ahora mismo te veo inclinado sobre la pantalla de tu ordenador, mirando a la pared mientras las ruedecitas de tu cabeza giran y giran. Me tranquiliza, sí, tu mirada en todos estos momentos... aunque tú no lo sepas todavía.

Me transporta. Tu mirada profunda, interrogante, expresiva o incluso cuando estás enfadado. Tus ojos marrones, miel, verdes, oscuros, claros... tu mirada cambiante, me transporta. A otros lugares donde solo estamos tú y yo, donde te tengo entero para mí y no he de compartirte con otros y otras que no saben apreciarte. Me transportan a los valles más verdes, a los atardeceres en la playa más bellos. A lugares que has visto y quisieras haber compartido con la persona más especial. Yo también quisiera haber podido compartirlos contigo, pero no te preocupes, porque muy, muy pronto podremos ir a esos lugares juntos. Aunque tú no lo sepas... todavía.

Me entristece. Me entristece cuando te resistes a mirarte al espejo, a ver todo esto, a sentir todo esto. Cuando niegas tu verdadera naturaleza. Cuando tú, que para mí eres casi como mi dios, desprecias tu propia imagen. Cuando me paso días sin verte.

Y yo quiero. Quiero que me prometas que vas a mirarte más al espejo. Que vas a perderte en tu propia mirada, que vas a admirar la forma de tu cara, que vas a sonreirte, que vas a disfrutarte. Que vas a darme ese regalo tanto y tantas veces como te sea posible. Hay quien dice que me he enamorado de ti, pero tú de mí, no. Y yo permanezco callado, y solo pienso «...todavía».

Sé que leerás esta declaración incondicional de amor, y sé que te costará mucho procesarla entero. No te preocupes, yo tengo tiempo. Tenemos todo el tiempo del mundo, tenemos toda la vida por delante. Sólo quiero que leas, que entiendas, que sientas, y que empieces. No me parece que sea pedirte demasiado, y sé que estás más que dispuesto a intentarlo. Y sé que si lo intentamos, esta vez lo vas a conseguir. Aunque tú aún no lo sepas... todavía.

A lo mejor decides no hacerme caso, pero algo en mi interior, algo que puedo ver en tu interior, me dice que esta vez, sí.

Se despide por ahora, con esperanza de verte muy, muy pronto y poder darte todo lo que has soñado,

Tu reflejo en el espejo.

P.D. Un poquito de cristasol tampoco vendría mal...


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