Son muchas noches ignorando las necesidades que te hacen ser humano.
Son muchos errores de concepto aprendidos que ahora toca borrar.
Son muchos momentos dejados ir por mecanismos de defensa aprendidos.
Toca desaprender.
Beber un elixir, rodar sin más,Se te hace cuesta arriba. Claro que se te hace cuesta arriba, porque te lo estás tomando por el lado que no es. No funciona así. Las relaciones humanas no funcionan así, del todo, no siempre.
llegar hasta el final,
ponerme un antifaz para olvidar. Dormí toda mi sed
durante años para conquistar
calles dormidas, islas de ciudad.
Te lo llevo diciendo tiempo, pero hasta ahora no has querido parar a escucharme. Y ahora que paras a escucharme, te agobia la falta de ruido, el silencio en el que escuchas mis palabras claramente. Y quieres esconderte, taparte los oidos, crear más ruido, generar un torbellino. Sepultarme de nuevo.
Y no te voy a dejar.
Las voces de este hotelNo te voy a dejar, porque ya no puede ser así. Quieres una cosa, dices otra. Buscas una cosa, declaras la ausencia total de búsqueda. Te congelas y petrificas ante la simple idea de progresar, de avanzar, pero en lugar de dejarte fluir liviano y manejando tu barca (ay, Remedios, cuánto daño has hecho a esta sociedad, hija mía) te dejas flotar a la deriva esperando atascarte en un puente. Y eso no va a funcionar más. Lo siento, has sufrido bastante las consecuencias de tu propia dejadez, y ahora toca, sí o sí, apechugar con las consecuencias.
son ecos de, ecos de ayer,
restos de mí que tiemblan por arder.
Mientras desnudo el ruido de mi mente,
saber que estás ahí me hace más fuerte
y en la distancia de este mundo incierto yo saludo a mi suerte.
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