26 de enero de 2018

También hay días grises

Son días muy absurdos, que comienzan con una desagradable sensación en tu cabeza que te indica que hoy es posible que no salga todo bien.

Son esos días en los que te propones, según amaneces, según apareces por la mañana de vuelta en tu realidad, que no vas a centrarte en que las cosas salgan mal, que no quieres proyectarlo.

Y no lo haces, de verdad que no lo haces, pero no puedes evitar tomarte las cosas a mal. Luego, al día siguiente, SABES fehacientemente que esas mismas cosas las entenderás de otro modo; pero en esos días grises, porque también existen los días grises, las cosas no salen como tú querrías que salieran.

Son días en los que has soñado que no estabas solo, que tenías un abrazo, que tenías un aliento contra tu hombro, que tenías calor ajeno para sentirte, incorrectamente -pero reconfortantemente- protegido. Pero no lo tienes. E igual que en los días que no son grises te da igual, en los días grises te pesa. Te pesa tu conciencia, tus elecciones pasadas, tu criterio; te pesan tus miedos, inseguridades y decisiones personales.

Te pesa tu soledad.

Pero son días, porque al final, mañana amanece de nuevo, y será un nuevo día.

También hay días grises, pero son los menos.

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