Inspira.
Espira. Relaja los músculos de las piernas, de los brazos, y prepárate
para soltar la espalda. Flexiona en la cintura y alarga, alarga, alarga
los brazos como si quisieras estirarte, formando una L perfecta. «Vuelve
a subir. Vuelve a bajar, soltando más la espalda. Sube una vez más. A tu ritmo.»
Esa
es la clave de toda situación, la llave que desbloquea desde los
músculos de tu espalda hasta lo más profundo de tus deseos. Carnales,
sentimentales, o espirituales, la clave siempre está en el ritmo. El
ritmo está en la clave, y al final es una partitura llena de notas que
interpretar. Pero no olvides que a veces, además de las notas, hay
silencios que también son música.
Don't tell the gods I left a mess, I can't undo what has been done...
let's run for cover.
What if I'm the only hero left? You better fire off your gun...
once and forever.
¿Qué importa qué digan o que hagan? A veces lo más sencillo es dejarse llevar por tu propia intuición, y escucharse muy muy profundamente cuando te hablas a ti mismo. De acuerdo, eres 'especial': ¿no quisiste siempre ser 'especial'? Ahora no intentes regresar a una normalidad que no va contigo, sobre todo cuando no existe una respuesta a 'qué es lo normal'. Normal es lo que sigue la norma... ¿Quién pone las normas?
He said "go dry your eyes and live your life like there is no tomorrow, son,
And tell the others to go sing it like a hummingbird the greatest anthem ever heard...
Lo más importante es que te respetes. No que te respeten, que te respeteS a ti mismo, a ti misma. Que entiendas que si tardas más de la cuenta en perdonar, en sanar, en volver a emocionarte, está bien. No tienes que seguir los ritmos marcados por los demás, no tienes por qué sentir las emociones que piensen los demás. Si tienes que estrellarte mil y una veces para entender que ese no es el camino, tienes que hacerlo. Tú no tienes otra opción que hacerlo, así, aquí, y ahora. Y está bien.
En lo positivo, en lo negativo, y en lo neutro; en serio, está bien. Lo que no está bien es si te quedas anclado, anclada, anclade en esas emociones: las emociones son instrumentales. Úsalas, múevelas, obsérvalas. Aprende de ellas. Utilízalas. Y luego, déjalas marchar.
We are the heroes of our time...
But we're dancing with the demons in our minds
Porque, al final del día, sólo te tienes a ti. Incluso si compartes cama con tu ser querido, con diecisiete peluches o con tu animal de compañía -aunque sería interesante saber, en algunos casos, quién acompaña a quién- , esos instantes antes de caer dormido, dormida, dormide... En esos instantes estás solo. Sola. Y al final, dentro de tu cabeza hay (como mínimo) una persona, tú, a la que has de rendir cuentas por todas tus acciones, actos, decisiones, errores y aciertos. Depende de ti, de tu ritmo, de tus propias medidas y de la compasión y ternura que muestres para contigo que esa persona sea amante o verdugo. Y tenemos mucha costumbre de poner la capucha de verdugo, entregar el hacha y voluntariamente bajar la cabeza al tocón de madera para ser sacrificados por nuestros errores, cuando esos mismos errores en otras personas son perdonados casi sin miramientos.
Y no. Escúchate. Tienes mucho que decirte, y seguro que si te oyes con los oídos de escuchar, y no con los oídos de juzgar con los que tienes costumbre de atender, entenderás muchas cosas a tu propio ritmo.
He said I never left your side when you were lost, I followed right behind
was your foundation
Now go sing it like a hummingbird the greatest anthem ever heard
Now sing together...
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