9 de diciembre de 2018

[In]tolerante

Una cantidad inconmesurable de pensamientos quieren salir y ordenarse, y uno se pone contra la puerta con espalda, rodillas, tobillos, codos, culo... todo lo que haga falta para sujetar un torrente que es muy posible que me arrastre de nuevo de paseo por los rincones más bonitos de mi mente. A revisitar momentos, pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones que no tengo especial interés en volver a despertar.
Llega el fin de los finales, llamas brillan en el cielo;
Salteremos por los aires bajo columnas de fuego.
24 horas nos quedan, ya importan menos las penas
que antes nos dolían tanto y mientras la gente cuerda
grita, llora, sufre y niega... a los locos nos verán bailando
Nadar a contracorriente es una tarea harto complicada, y yo lamentablemente no nací salmón, aunque sí sea un poco rosa por dentro. Lo que quiero decir es que tratar de encajar en un mundo hecho de piezas de puzzle con formas de lo más estrafalarias extraordinarias se convierte a menudo en una misión imposible. (Inserte usted misme aquí la melodía pegadiza).

Solo que cuando miras el cable para ver quién te está sujetando, a veces te llevas sorpresas.

A menudo tengo las fuerzas suficientes como para plantar los dos piececines y vadear sin problemas el hecho de ser, pensar, sentir y actuar diferente al resto de las personas. No sé si los cables que conectan mi cerebro están hechos de un metal distinto, o si la sinapsis se ha visto afectada por tamaña cantidad de cafeína que acostumbro a consumir. El hecho totalmente objetivo y definitivamente probado es que no encajo dentro de los moldes. 

Ya no solo las etiquetas, tan bonitas ellas, que con tanto ahínco me empeño en intentar destruir; simplemente no encajo en las situaciones en las que la gente debería encajar, en las que se supone que debería encajar. No encajo en modo de vida, no encajo en pensamieto, no encajo en sentimiento, no encajo por edad, no encajo por (des)orientación sexual, no encajo por físico, no encajo por psíquico. No tolero la violencia y la prepotencia, las exigencias, los requisitos y los perfiles que hay que cumplir para 'encajar'. Estoy muy hartito de la gente que dice que "no quiere dramas" pero luego se sienta delante del televisor a ver gritar a la Patiño: no quieres dramas que te supongan un mínimo de implicación y empatía, cariñín, pero igualito que los tiburones, al olor de la sangre acudes como una ovejita dócil.
Nuestra casa se ha llenado con amigos de hace años,
hemos puesto las canciones que siempre dijeron tanto.
Y mientras todo se derrumba... a los locos nos verán bailando
No tolero las estupideces que hay que aguantar en las redes sociales, las tonterías que hay que leer en las aplicaciones de "ligar" (no, mira, ligar era otra cosa, esto es un -ponme cuarto de kilo de salchichón en barra, pero de ese no, que no me gusta la orientación sur-suroeste del pellejo del final).

No tolero los consejos, siempre bienintencionados, de "lo que tengo que hacer para...". No, no me cuadran las experiencias de la gente que intenta aleccionarme o dirigirme por el rumbo que para ellos es correcto. Es que su rumbo a mí no me parece correcto, y me parece terrible, terrible, terrible que intenten que siga un camino que ya de por sí no veo claro para acabar como ellos. Que sí, que a ti te vale, que te hace feliz, que tu vida es plena, pero es que tu vida no es mi vida y mi plenitud no se encuentra ahí. Dónde se encuentra, no lo sé, pero ya te digo yo que ahí, viene siendo que no.

No tolero los recuerdos distorsionados que aparecen de vez en cuando, pero tolero todavía menos los que no están distorsionados y aparecen nítidos, a menudo en momentos la mar de inoportunos, y que tienen todavía cierto poder sobre servidor de Satán y ustedes (a Dios, si os parece, lo dejamos fuera de la ecuación por ahora). Además, lo peor, lo más horrible, es que son recuerdos que para poder compartir la sensación de desazón que me producen debería explicar años y meses y experiencias y mierdas, por lo que elijo volver a enterrarlos de nuevo, desazón incluida, hasta que pueda gestionarlos de nuevo. Específicamente, no tolero ninguno de los recuerdos relacionados contigo por lo que me duelen, especialmente; no obstante, cuando aparecen los Recuerdos™ que me bloquean, me replanteo si no sería más feliz siendo gilipollas, pero sin tener traumas y dramas.

No tolero vivir con miedo, desidia, anhedonia (a mí no me jodas, eso es un nombre de alga). No tolero no ser capaz de sentir ilusión, y que mi rango emocional oscile entre el miedo, la pereza, la ansiedad, el asco y el cansancio. Un abanico de emociones digno de un mejillón oscense, pero no de una persona adulta.
Y ahora sentimos tan lejos los antiguos miedos
Ahora que no queda tiempo, aparecen nuevos:
El miedo de que nadie nos pida un adiós
y que no toquen mis manos de nuevo
y que no muevan mis pies en el suelo...
Pero si sacamos a la palestra los miedos, siempre podemos hablar de los nuevos, los que se vienen y los que llegan: esos son más "sociedad-friendly" e incluso motivo de broma. Para quien no tiene el (dis)gusto de experimentarlos, claro. Que el tiempo para es un hecho probado, a pesar de discusiones varias. No obstante, el inexorable paso del tiempo -creo que es la primera y única vez que voy a usar esa palabra- conlleva una serie de construcciones que no estoy nada dispuesto a tener que asumir, y a la vez, que estoy agobiadísimo por no haber asumido todavía. Tic, tac, bitch. Tic. Tac.
(intolerante .- Del lat. intolĕrans, -ntis .- 1. adj. Que no tiene tolerancia.)
No tolero el paso del tiempo, las dobles caras, los triples sentidos, las cuádruples intenciones y los quíntuples desplantes. Sé que es incómodo tratar con gente tan intolerante como yo, pero llegados a este momento, uno se tiene que plantear, por cojones supervivencia, que cojones rayos está pasando, cómo cojones se ha llegado a este punto, y hasta qué momento va a seguir haciendo de Lumière para posteriormente ser colocado en una estantería y hacer bonito hasta que haga falta de nuevo. 


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