«No he llegado hasta aquí como para permitir esto» se ha convertido en los últimos meses en un lema de vida. En un mantra repetitivo dentro de mi cabeza, que sale de mis labios, que fluye de mis dedos. Que utilizo como escudo, como lanza y como espada, y que acalla las palabras, las intenciones, los pensamientos de aquellos que no saben, no quieren o no pueden entender que, de pronto, tenga la fuerza suficiente para poner una barrera.
Para levantar la señal de STOP.
Para alzar la mano.
Para decir no.
Luisifer Morgenstar, como me han rebautizado algunas personas que sé que, a su manera, me quieren. No he bajado varias veces hasta el mismisimo infierno como para no saber cómo ir, cómo venir, cómo salir y cómo manejar el mío, el tuyo y el de quien haga falta. Sí, hazme caso. Sé manejarlo.
No he luchado durante años contra la imagen que otros intentaron plantar sobre mí mismo en mi cabeza como para dejar que alguien intente convencerme de lo que no es. Para dejar que intenten decirme lo que debo sentir, cómo debo pensar, quién debo ser, cómo debo actuar.
No he llorado durante días y noches por no encajar, por no ser parte de, por no pertenecer a una serie de etiquetas, grupos, tribus, como para que la intención de nadie de hacerme sentir diferente, raro, extraño, extravagante o estrambótico pueda tambalear los cimientos sobre los que me he reconstruído, una y mil veces, hasta llegar a donde estoy.
No he cuestionado todo, a todos, a todas, a mí mismo, a ti también, como para que ahora venga, vengan, vengas, vengáis a decirme que estoy equivocado. No voy a perder el tiempo en explicarte que mi experiencia no puede estar equivocada, porque es mía, y la percepción mía puede no ser real, pero es mi experiencia y como tal, es lo que siento. Y si lo siento, lo siento.
No he tenido que silenciar miles de voces bienintencionadas que intentaban conducirme por el buen camino, que sabían lo que era mejor para mí (mientras era lo mejor para otros), que sabían exactamente lo que me pasaba (sin que me pasara nada), que sabían dónde, cuándo y cómo mucho mejor que yo... solo para poder escuchar a La Voz Cantante™ que nunca fue sino mi propio yo, escondido, agazapado, sepultado, esperando salir. Y que ahora es libre.
No he tenido que silenciar miles de voces bienintencionadas que intentaban conducirme por el buen camino, que sabían lo que era mejor para mí (mientras era lo mejor para otros), que sabían exactamente lo que me pasaba (sin que me pasara nada), que sabían dónde, cuándo y cómo mucho mejor que yo... solo para poder escuchar a La Voz Cantante™ que nunca fue sino mi propio yo, escondido, agazapado, sepultado, esperando salir. Y que ahora es libre.
No, no he llegado hasta donde estoy, donde puedo mirarme al espejo y decir "hello handsome" (qué pasa, yo me hablo en el idioma que me salga de la chuche), donde puedo estar orgulloso de lo que hago, digo, siento y pienso, donde acepto mis errores del pasado y los dejo marchar, donde aprendo de cada hostia, de cada desplante, de cada mala cara y mala contestación, como para que ahora venga nadie de ningún sitio a decirme que NO.
Si es sí, o si es no, ya lo decidiré yo.
No, definitivamente no he llegado hasta aquí como para permitir esto.
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