Brilla el metal, todo listo, preparados para despegarFueron días de preocupaciones y horas perdidas luchando contra la ansiedadY sentado a los mandos de mi cápsula interestelarPuro nervio, taquicardia y mala onda: el sudor empaña mi visor de cristal
Lo podría seguir retorciendo todo lo que me diese la gana, pero al final lo único que iba a conseguir es seguir evitando una respuesta que, honestamente, estaba entre ansioso por escuchar y temoroso por no recibir. Pero no hacía falta. Todas las señales apuntaban a que la paleta de colores oscilaba entre blanco y negro, y no entre gris oscuro y vanta black. Muy fuera de mi zona de confort. Muy de aquí y de ahora.
Muy de cogerme y darme un bofetón para un lado, que me obligara a mirarme en 2019 y en 2020, y uno para el otro lado, que me obligara a mirarme ahora.
Me pareció notar algún crujidoControl me dice que puedo estar tranquilo"Es normal que se escuchen tantos ruidos"... despedidme de los míos
Todo era cuestión de levantar el pie del acelerador, poner punto muerto, dejarse mecer por el leve rumor del ralentí y, suavamente, rendirse. Finalizar una lucha interna que no tenía ningún sentido, porque no era más que una pataleta en el suelo del supermercado mientras los demás clientes observaban atónicos.
No había daño posible. Solo una experiencia indeterminada, y desconocida hasta la fecha.
Y si lo había, aunque acabara estrellado contra una farola, la ruta habría merecido la pena simplemente y únicamente por el hecho de haber roto los siete sellos del averno autoimpuestos y reforzados. Y si tenía que irse, la lección estaba aprendida.
La situación no mejora cuando escucho a mi otra mitadA mi derecha Dimitri moviendo la boca en su idioma: no le entiendo nada al hablarSalimos disparados, inminente fatalidadEsta nave, una funeraria volante es ahora mi supuesto "dulce hogar"
Pero algo en mi interior, que surgía cuando dejaban de gritar las voces, me indicaba que no tenía intención de irse por ahora... y también me lo había dejado claro y aunque con una semana de retraso esas palabras resonaban en mi mente como un mantra.
Un claro mantra.
Y cuando pienso que todo está perdidoMiro por la escotilla al infinitoEl universo hablándome al oídoTú disfruta del camino
Para alguien que sabía leer a la gente de manera tan clara, era una incógnita, una X en una ecuación que no sabía despejar porque hacía mucho que las ecuaciones las escribía yo mismo, y esta la habían escrito para mí. Y como buena operación matemática, primero entró el pánico, luego entró el miedo, y luego una sensación, como un tsunami, diciendo "espérate, que esto me lo sé".
Cojo los mandos y cambio de rumbo,y salgo de la órbita oscura y espanto los malos augurios y el vaso ya está medio llenoY vuelo alto al hiper espacioPlanetas de mares helados... Veranos de soles blancos... He visto a Bowie flotando
Porque «no he llegado hasta aquí como para tolerar esto» también se puede convertir en «he llegado hasta aquí para disfrutar esto». Una sonrisa con los ojos, y un gesto tímido, y una sonrisa sardónica. Porque nunca tuvo tanto efecto una simple caricia en la mano o la necesidad de contacto físico sin que cualquier inseguridad mía enturbie la sensación. Porque unos ojos iluminados hablan más que toda la RAE. Porque una mirada sostenida y un gesto serio a veces no significan malas noticias, sino muy buenas.
La vida también son pequeños gestos que son grandes triunfos, y yo sé que sé verlos, si empiezo a verme primero. Porque lo mejor que puedo hacer es, simplemente, "estar ahí" (sic).
Flotando nada puede tocarnosInquebrantables piedras preciosas en el espacioY aunque el peligro siga asechandoNos concentramos en la belleza de los contrarios
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