Mientras la ciudad corre a refugiarse de las inclemencias meteorológicas, yo me pregunto qué hice con mis sueños. ¿Dónde los metí?.
Acelero un poco más por la autovía desierta, enciendo otro cigarro y subo la radio. No creo que moleste a nadie en mi pequeño paraíso de cinco asientos, y así puedo pensar mejor.
Lo sé, porque muchos ya se fueron y hoy sigo sus pasos al caminar. Y aquí tú y yo, sólo quedamos los buenos: nadie nos enseña dónde parar.
El rítmico sonido del limpiaparabrisas me hace pensar, y pienso. Pienso en camas vacías, en camas llenas. En camas en otras ciudades, otras provincias, otros países. En años anteriores, en años futuros. En lo que vino y en lo que se fue.
Pienso en ti, que me enseñaste tanto. Pienso en ti, que me ofreciste chocolate a la taza y una experiencia inolvidable. Pienso en ti, que no supiste entender mi inminente partida. Pienso en ti, que solo pensabas en ti. Pienso en ti, y pienso en cómo te moldeé a mi antojo. Pienso en ti, y no me acuerdo de tu risa, porque se borró demasiado pronto.
Acelero un poco más. Se me ha acabado el cigarro pensando en vosotros, y aun así no logro sacar nada en claro, ni sacaros a vosotros, claro.
Pienso en las líneas de la carretera, iluminadas por mis faros que ya no son de xenón. Pienso en las farolas apagadas para ahorrar luz. Pienso en ti, pienso en mí, pienso en él, que soy yo. Pienso en ella. Pienso en todos. Pienso, pienso, pienso. Pero no siento. Un escalofrío me recorre la columna vertebral y me pone el vello de la nuca de punta. No siento nada.
Intermitente, gasolinera, me paro. Son las dos de la mañana, y a quién le importa. No hay ni un alma, o mejor dicho, solo hay un alma: la mía.
La respuesta obvia -conduciendo- no es la que estoy buscando; la que no es obvia es la que no estoy encontrando. ¿Por qué estáis en mi cabeza?.
Descubro dónde dejé mis sueños: al lado de mis sentimientos. ¿Y dónde dejé todo eso?.
Pienso en las líneas de la carretera, iluminadas por mis faros que ya no son de xenón. Pienso en las farolas apagadas para ahorrar luz. Pienso en ti, pienso en mí, pienso en él, que soy yo. Pienso en ella. Pienso en todos. Pienso, pienso, pienso. Pero no siento. Un escalofrío me recorre la columna vertebral y me pone el vello de la nuca de punta. No siento nada.
Intermitente, gasolinera, me paro. Son las dos de la mañana, y a quién le importa. No hay ni un alma, o mejor dicho, solo hay un alma: la mía.
No te asustes al desgastarme, soy eterno; y esas manos, tan puras como el coral.Ya no llueve, y el aire huele a tierra mojada. ¿Cómo demonios he llegado hasta aquí?.
Ya llegará lo del cementerio y solo entonces lo mismo será que no serlo.
La respuesta obvia -conduciendo- no es la que estoy buscando; la que no es obvia es la que no estoy encontrando. ¿Por qué estáis en mi cabeza?.
Descubro dónde dejé mis sueños: al lado de mis sentimientos. ¿Y dónde dejé todo eso?.
El GPS no ayuda cuando la brújula no funciona.
Aunque algo me dice que a esta brújula le queda poco tiempo de descanso.
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