8 de marzo de 2018

(No) escucho tu voz

Mi cuerpo se confunde con las luces anaranjadas que desprende la chimenea. Tu cuerpo se confunde con las brasas, las chispas y los carbones encendidos que crepitan ajenos a todo lo que ocurre. Tu cuerpo y mi cuerpo luchan en una batalla silenciosa por atraerse, por separarse, por estar y por partir. 
Nuestros cuerpos se peleaen en una legendaria batalla de la que nunca contarán historias. 
Y ahora que he vuelto a convertir mi cuerpo en alimento
y no han dejado ni siquiera huesos: lamieron las bandejas en el suelo.


Me preguntaste dónde me llevan mis sueños, te pregunté dónde quedaron tus deseos.
¿Quién eres? ¿Qué quieres? Son preguntas que nos hicimos en su momento, y que nunca fueron respondidas. No quedó ninguna duda de lo que debíamos hacer, no quedó ninguna duda de lo que debíamos decir. Todas las dudas fueron resueltas en ese primer momento en el que tus labios rozaron mis hombros sin más disfraz que la mente. Todos tus miedos alimentaron el fuego que ahora nos envuelve; mis miedos se transforman en la alfombra que evita que el frío del suelo llegue a distraernos.
Y ahora que cuelgo carteles de 'no molesten  mi sueño'
y salto de la cama hasta el incendio y todos hacen palmas si me duermo.

No se distingue si nos rodea la noche o si nos acucia el alba; no se sabe si brillará el sol o por el contrario una densa lluvia cubrirá y amortiguará el ruido. Desconocemos qué nos traerá 'mañana', si es que aún existe un mañana. Ignoramos qué opinará el vulgo populacho que siempre tiene mucho que decir. Omitimos los pensamientos que no nos pertenecen, al igual que omitimos nuestros propios pensamientos: en este momento solo existimos tú y yo, y ni siquiera está claro si seguimos siendo tú y yo, o nos hemos convertido en fuego y brasa, en leña y tea, en ceniza y humo.
Y ahora que empieza a entrar algo de luz en nuestra celda
no dejamos de escuchar como nos gritan libertad ahí fuera.
Solo nos queda esperar que la turba tire la puerta
con golpes secos que me llenan la cabeza.


Nos rodea el silencio y a la vez el estruendo más ensordecedor. Es un ruido que no viene de las ondas, no procede de las mentes, no invade los sentimientos. Es un ruido de latido, de chasquido, de roce, de golpe y de caricia. Alto volumen de decibelio silencioso, el mejor manjar y néctar para un momento inolvidable que pasará a formar parte de una colección de momentos que en algún momento serán, o no, olvidados.
Cuéntan historias de vida y placer,
de soles que arden en tardes que no han de volver,
de mundos libres y de amantes que bailan desnudos,
y entre los bailes te juro que escucho tu voz, otra vez.

Y de pronto, de manera efectiva, es tu voz la que me trae de vuelta a este momento. Y lo que podría ser un retorno traumático se convierte en una consciencia dulce de la situación que me rodea.

¿Todo es diferente?





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