25 de febrero de 2020

Épico y mortal

Algo tan eficaz como reconectar las papilas del gusto de tu paladar.
Que no voy a aguantar ni un minuto más tu racionalidad sin justificar.
Que puede que me vaya mal, puede que sea fatal.
Jugar a un dado, lo más deseado, lo más vital, para respirar.
No todo ha de ser sobre mí. La gracia de la introspección es que, cuando terminas contigo (en todos los sentidos) puedes empezar a tener algún tipo de control en cómo te interrelaciones con tu entorno.
En cómo tratas a tu entorno, que al final es cómo te tratas a ti mismo.

Al final, final del todo, cuando llegas al borde del camino, entiendes algunas cosas. Para empezar, entiendes que no entiendes nada, y eso en lugar de provocar inseguridad, te provoca un alivio descomunal. Porque a la vez, entiendes que no tienes por qué entenderlo. Está bien no saberlo todo. Está bien no tener certeza. Está bien.
Qué facilidad la de manipular los sueños frustrados de la sociedad.
Me van a salpicar tus juegos de moral, los discursos vacíos para impresionar.
Que tú no me vas a quitar la única necesidad
de retroalimentarnos todos los que amamos un buen final,
el más épico y mortal.
Porque ya lo he dicho antes. Lo he repetido mil veces. Pero es que es demasiado importante para dejar que se olvide... Existe un miedo atroz a no ser, a no estar, a no pertenecer. Una necesidad a basarse en la opinión de los demás para saber en qué punto estás en este mundo, y de algún modo u otro, esto es algo que hemos vivido. Una exclusión, una necesidad vital de pertenencia. Algo que se traduce en nada más que una necesidad de respeto.

«I will know when the right time is.
Timing is everything.
It will be epic and romantic as shit
and the angels will fucking weep.»

Y esto tan simple, y a la vez tan complicado, es lo que te mereces de mí. De todos, pero el firme compromiso lo puedo hacer yo por mí, y suplicar al universo (o a lo que haga falta, incluyendo el azar si fuera incluso necesario) que los demás, que las demás, decidan mirar a su alrededor y repartir respeto.
Algo tan eficaz como desconectar el movimiento del cuerpo algo artificial.
Que no puedo alcanzar cierta afinidad con los que pisan la capa más superficial,
la más terrenal, todo neuronal, conexiones fugaces con la realidad.
Te mereces mi respeto. Mi honestidad. Mi cuidado mientras que por tu parte haya autocuidado.
Mi cuidado, incluso cuando por tu parte no haya autocuidado. Porque yo no puedo llevar la mochila de nadie si nadie quiere llevar su mochila. Pero en el momento que a alguien le pesa su mochila es porque intenta llevarla, y ahí sí, ahí sí que vale la ayuda.
Qué fatalidad dejarse llevar por el egocentrismo individual.
Vamos a esperar quizás un poco más; besémonos de pronto, si doy la señal.
Ya ves que solo quedarán resquicios de esta sociedad
si vamos perdiendo todos el concepto fundamental: humanidad.


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